Laboratorio de palabras

Viaje hacia las historias: un taller con mucho mar

Por Virginia Mórtola / Miércoles 10 de marzo de 2021
Ilustración de Sebastián Santana para «En la noche» (Lumen, 2020)

Como cada verano, el laboratorio de palabras soltó amarras y zarpó con una tripulación de niñas y niños dispuestos a escribir los cuentos más bellos, a encontrar los tesoros más disparatados, a inventar meriendas marítimas. En una edición especial digital, Ema, María Eugenia, Nicolás, Majo, Emilia, Leandro, Catalina y Camila, junto a Virginia Mórtola, comparten sus creaciones.

Viaje hacia las historias: un taller con mucho mar

Este febrero, como todos los febreros de cada año, niñas y niños crearon sus historias. Ema, María Eugenia, Nicolás, Majo, Emilia, Leandro, Catalina y Camila, navegaron en mares de palabras, chapotearon entre personajes, se sumergieron en historias que nos salpicaron con risas. Fueron buzos que exploraron las profundidades de su imaginación y transformaron los catalejos en caleidoscopios.

El libro de las camas (Libros del zorro rojo, 2014), escrito por Sylvia Plath con lustraciones de Quentin Blake, nos llevó a conocer una gran, enorme, inmensa variedad de camas y, a partir de allí cada quién creo su propia embarcación. Fueron tan diversas e imposibles como camas hay en este libro. Catalina zarpó en Mopi, un barco con alas y brazo mecánico. Leandro timoneó dos barcos: Yate y Velero. Camila se embarcó en Los siete mares. Majo descubrió tesoros, y Ema, junto al gran Kevin, el loro tripulante, navegó en Poseidón. Etéreo, se llamó el de María Eugenia, esta embarcación enorme, cargaba con cajones de frutas exóticas, estaba custodiada por el gato Ramsés y coronada por un gran telescopio y una rosa de los vientos. Su destino: la isla Escaramuza. La leyenda cuenta que allí hay libros que ayudarán a la humanidad sobre lo imaginable y lo inimaginable.

También leímos muchos otros libros a tono con nuestro viaje por los mares. Alma del mar, de Jaime Gamboa y Roger Ycaza (Amanuense, 2016). La ola, de Susy Lee (Bárbara Fiore, 2008). Granos de arena, de Sibylle Delacroix (Juventud, 2018). Si quieres ver una ballena, de Julie Fogliano y Erin Stead (Océano Travesía, 2013). Frío en la playa, de Leandro Mangado (Lumen, 2020). Les recomiendo leerlos cuando, en el transcurso del año, extrañen la inmensidad de las playas y la suavidad de la espuma.

Compartimos una pequeñísima muestra, tan pequeña y valiosa como lo que pueden descubrir en una botella que llega desde el mar.

Un día un tanto nublado

Un 3 de febrero de 2021, desde un pequeño puerto zapó un barco. Llevaba pasajeros de todas las edades, de diferentes lugares, con gustos únicos y deseos diferentes. La capitana era una mujer alegre, amable y simpática.

Era un día un tanto nublado, pero eso no importó. Partieron sobre las 3 de la tarde. Estaban en el medio del océano cuando el pasajero más pequeño miró al cielo.

—¡Gaviotas!— gritó.

Las pequeñas aves maravillaron a toda la tripulación. Una de las gaviotas traía una botella en su pico. Y la dejó caer. La pasajera mayor la atrapó. Armaron un círculo a su alrededor, muy emocionados. La capitana leyó en voz alta: ¡eran coordenadas! Se armó una gran confusión y luego de discutir un largo rato decidieron partir hacia allí. A pesar de los riesgos.

Navegaron hasta llegar al punto exacto que indicaba el mensaje. Bajaron en una pequeña isla. Cuando la recorrieron les pareció que estaba desierta y se quejaron muy desilusionados.

—Perdimos el tiempo en venir hasta acá dijo un grupo de tripulantes.

La capitana caminó buscando algún sentido.

—¡Miren! ¡Encontré esto! —dijo mientras levantaba dos botellitas.

La tripulación se acercó, pero seguía confundida extrañada y descontenta. En una había una flor y la otra estaba abierta y vacía. La tripulación tenía muchas preguntas, hasta que la pasajera más callada habló.

—Tengo un libro sobre el significado de las flores. Está en el cobertizo, ya regreso.

Corrió hacia el barco mientras el resto esperaba impaciente. Iban a saber cuál era el sentido de la flor, pero… ¿qué significaba aquella botella vacía?

(Continuará…)

María Eugenia

 

Una tarde en el mar

Manuel navegaba cuando apareció Poseidón, el dios del mar. Traía unos bizcochos y lo invitó a tomar mate. Enseguida llegó un grupo de delfines con una gran pasta flora y una gran mariquita que cargaba un lemon pie.

Así son las meriendas en el mar.

Camila

 

Aportando cada quien sus versos, inspirados en el libro En la noche, de Sebastián Santana (Lumen, 2020), crearon este bello poema colectivo:

En la noche de altamar

El sol se va a cenar

Hay dos cielos

La luna se filtra por los huecos

Los pájaros cantan con las estrellas

Los secretos se esconden

Las camas se abren y las cortinas se cierran

Los monstruos salen a jugar

Los patos desean

El gato sueña

La lluvia silva

La marea baila

Lo lindo de las despedidas es saber que podemos volver a encontrarnos.

¡Hasta el próximo febrero!

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