Más que un territorio. El norte es el sur

El mundo en las manos

Por Mariangela Giaimo / Martes 14 de setiembre de 2021
«Present Tense», Mona Hatoum (1996)

Puntos, coordenadas, instrucciones para llegar a algún lugar, claves para mirar un territorio, constelaciones, asuntos en común reagrupados a partir de una misma premisa: mapas. Sin ánimo de cartografiar estos sistemas de representación y a modo de colección de curiosidades, Mariangela Giaimo presenta una serie de mapas extraordinarios al alcance de la mano.

No son pocos los que creen que el sistema de coordenadas del mundo determina un punto perfecto donde el tiempo y el espacio alcanzan un acuerdo. Debe de ser por eso por lo que se marchan de casa, creen que moviéndose, aunque sea de modo caótico, aumentarán las probabilidades de dar con ese punto.

Los errantes, Olga Tokarczuk

 

Tenemos un mapa enorme en nuestro celular, al alcance de la mano. Es una imagen del mundo, una fotografía satelital de todo el globo: con rutas, sitios, tráficos y tiempos. Le dicen navegador, pero es un mapa. Como aquellos originados en Babilonia en el 2300 a. C., sigue cumpliendo una función casi vital. Para algunos es una guía, para otros es un reconocimiento, un posible ejercicio de imaginación.

Los mapas se asocian a un sistema visual con la intención de representar un territorio determinado, a partir de trasladar a dos planos una superficie tridimensional. Esa acción de traducción supone cartografiar un territorio, resultado que debería ser lo más parecido a la realidad, bajo determinadas formas de representación. Sin embargo, como afirma el geógrafo e historiador de mapas Brian Harley, estos artefactos culturales pueden servir tanto para la comprensión espacial de una demarcación como para mapear conceptos, acontecimientos y establecer representaciones de poder.


¿Dijiste mapa?

Los mapas han sido y son dispositivos de control —en los inicios la cartografía fue una herramienta para dominar y planificar un lugar y su población—. John Berger en Modos de ver (2007) hace hincapié en las posesiones que se incluían en el cuadro holandés Los tesoros de Paston (1665): un globo terráqueo para dar cuenta del poder territorial de la familia de Norfolk, al que se suman, obviamente, esclavos, mujeres y otras riquezas.

Los Tesoros de Paston, Escuela Holandesa (1665)


Pero los mapas también pueden ser herramientas de resistencia. Un ejemplo que puede ser leído así, como una resignificación de nuestro lugar en el mundo, es América invertida (1943): dibujo a pluma y tinta que simula un mapa, de Joaquín Torres García, en que el sur se vuelve norte. En ese sentido, recordemos además que hablar de mapas es entrar en el campo del arte, la ciencia, el poder y la fantasía.

Esa condensación en dos dimensiones puede implicar la vida más cotidiana —por ejemplo, las volquetas verdes de desechos y podas de escombro o los puntos de wifi libre en la ciudad de Montevideo—, hasta lo inexistente —como el Atlas de las Islas imaginarias, un libro con hermosísimas ilustraciones que dialogan con citas literarias en relación con islas creadas desde la fantasía. Como no podía ser de otra manera, comienza con un fragmento de Robinson Crusoe, mientras la autora va creando flora, fauna, nombres y geografías.

Los soportes sobre los que desplegar la cartografía también son variados: desde la piedra, el vidrio, el papiro —el más grande mapamundi conservado fue manufacturado en el siglo XVI con más de sesenta hojas y mide casi diez metros de diámetro— hasta, incluso, el propio cuerpo —en algunas culturas se tatuaban los mapas sobre la piel—. También se elaboran con diferentes técnicas, tecnologías y metodologías: a partir de vistas con aviones y drones, al caminar por el territorio, con autoría individual y especializada, colectiva y participativa, con carácter objetual o desde una perspectiva íntima y subjetiva. Pueden presentarse solos o en una colección, formando un atlas.


Mapamundi de Urbano Monte reconstruido por la Universidad de Stanford


De la imagen al sonido y a lo digital

También los lenguajes han ido variando: pueden exceder lo visual y proponerse como sonoros, a través del registro de información relacionada con lo musical o lo audible, dando lugar a «paisajes sonoros» —como el proyecto Creadoras de la Historia de la Música de la española Sakira Ventura—. Con respecto a Uruguay, dos proyectos a modo de ejemplo: el Mapa sonoro de Uruguay (MEC) y Sonidos invisibles, de Juan Pablo Culasso, en relación a la fauna del país. Con un poco más de riesgo, en un paso aún más peligroso, podríamos pensar que el último disco de Florencia Nuñez, Porque las quiero cantar, también es un «mapa» sonoro de las canciones rochenses, el territorio y la gente de Rocha; claro está, concebido desde la expresión poética y musical.

Un mapa puede cartografiar objetos de diferente naturaleza. Hasta el mundo digital y lo que sucede allí comienza a ser tomado en cuenta. Por ejemplo, la propuesta de Martin Vergic, un diseñador y artista de Eslovaquia. Su proyecto se llama Halcyon maps y toma varios datos contemporáneos como motivo para representar: plataformas digitales en internet, islas británicas en un escenario de calentamiento global o festivales populares. En ese mismo registro está el trabajo de Franck Ernewein —que mapea los tweets mundiales en tiempo real.

Este último dato se encuentra en el libro Mapas. Explorando el Mundo (Phaidon,), que contiene 300 mapas. Cuenta el inicio de la cartografía científica, su historia y recopila ejemplos con fuerza en el diseño, las artes visuales y la creación digital. La edición es una delicia que se convierte en un debe para los aficionados al tema. Solo algunas perlitas que encontrarán: Mapa (1961) de Jasper Johns, un expresionista óleo sobre lienzo; Mapa de luz diurna (2005) de Olafur Eliasson, una serie de tubos de neón que forman los usos horarios y. se van iluminando las zonas del mapa en tiempo real.


Mapa de luz diurna, Olafur Eliasson (2005)


Los mapas y el arte

Hace tiempo que han entrado en los museos. En ese sentido, en la muestra Cartografías del Museo Histórico Cabildo -—curada por Brian Mackern— dialogan mapas, planos del acervo y visiones de la cartografía contemporánea. En especial, se presenta una piedra litográfica (matriz original correspondiente a la Carta geográfica del Uruguay, de Monegal, 1882) y su respectiva litografía pintada. Además, un diálogo entre mapas, planos del acervo y visiones de la cartografía contemporánea se puede ver en su canal de YouTube.

También en el Museo Histórico se exhiben mapas: Imaginar, medir y ordenar. Mapas, planos y agrimensores en Uruguay propone un recorrido por los saberes y prácticas de la Agrimensura y las respuestas a diversas demandas políticas y sociales que permitieron la elaboración de los mapas y planos expuestos. Se muestran materiales que pertenecen a diversos repositorios, procedentes del Archivo Gráfico de la Dirección de Topografía del Ministerio de Transportes y Obras Públicas, la Facultad de Ingeniería, la Biblioteca Nacional, el Archivo General de la Nación y el Museo Histórico Nacional.

Hace pocos meses, Arte Cartográfico —impulsado por Rutas Culturales y Creativas junto con el Instituto Nacional de Artes Visuales— se lanzó como un concurso de mapas conceptuales artísticos sobre la diversidad cultural y de identidad en Salto, Soriano, Paysandú, Colonia y Río Negro. Se proyecta continuar con esta iniciativa en próximas ediciones para lograr cartografías de los 19 departamentos. En esta ocasión se seleccionaron cinco representaciones que se muestran en el Festival de Ilustración de Colonia.

Muchas otras sorpresas nos depara esta herramienta cotidiana, artística, tradicional y ahora también digital: todo sirve para aprehender al mundo así como crearlo e imaginarlo. Con o sin brújula.

Fray Bentos, de Julia Victoria Saldain Picart (obra seleccionada en la convocatoria Arte Cartográfico)

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