¿Hacia dónde vamos?

Especulaciones sobre escrituras coreográficas futuras

Por AniMale / Miércoles 29 de diciembre de 2021
«Danza mínima», Quiatora Monorriel

Pensar hacia dónde vamos implica pararse para reconocer dónde estamos, de dónde venimos. Futuros desposeídos, reveladores, ciegos; futuros que jaquean las identidades actuales para abrir un campo de posibilidades. Magdalena Leite y Aníbal Conde, AniMale, conversan y especulan sobre la potencia de las coreografías futuras, en un escenario de diálogo y crisis ecológica.

El siguiente texto fue escrito a cuatro manos. La forma es una entrevista generada a partir de la desgrabación de una charla sobre el tema.

 

A: ¿Hacia dónde vamos?

M: Esa pregunta implica pensar un poco de dónde venimos… A finales del siglo pasado el ser en movimiento impulsado por la modernidad perdió su impulso vital, conquistador y avasallante para dar paso a una inmovilidad crítica de lo que ya no se podía esconder: el uso capitalista y objetificador de los cuerpos. Artistas como Quiatora Monorriel, Jérôme Bel o Tino Sehgal denuncian un único uso de los cuerpos en la danza en su contexto, asociado al virtuosismo técnico y al espectáculo vacío, al cuerpo fuerte y erotizado, como narrativas dominantes en nuestra cultura occidental. Una denuncia que había nacido en los sesenta renueva sus fuerzas gracias a todo un movimiento del pensamiento y de las ideas dado por el nuevo contexto histórico y político: en 1994 Aníbal Quijano habla por primera vez de lo decolonial, en 1995 Walter Mignolo publica El lado oscuro del Renacimiento, el muro de Berlín había caído hacía poco más de un lustro y en México nos encontramos en plena revuelta del EZLN acompañada de una de las crisis económicas más grandes de su historia. La compañía de danza mexicana Quiatora Monorriel reacciona a ese contexto con su Danza mínima y su alto al movimiento por el movimiento, para poder respirar y pensar, ahora para dónde. Después de esa parálisis, pareciera que el siglo XXI trae de vuelta un movimiento, pero es un movimiento muy distinto, impulsado por la escucha y no por la enunciación.

 

M: ¿Hacia dónde vamos?

A: «Ser todo es ser una parte, el verdadero viaje es el retorno» decía Laia Asieo Odo, protagonista de Los desposeídos, de Úrsula K. Le Guin. Mientras, los Sex Pistol agregaban: «Cuando no hay futuro, ¿cómo puede haber pecado? / Somos las flores en el basurero / Somos el veneno en la máquina humana / ¡Somos el futuro, tu futuro!».

¿Hacia dónde vamos? Yo pienso que no es más que una pregunta retórica para afirmar en verdad en donde estamos. El futuro oficia de espejo deformado del presente. Pensar en futuros es pensar en devenires posibles en un mundo de contingencias, pero también es pensar en devenires en un mundo de causas y consecuencias.

Futuros desposeídos. El movimiento punk anticipa el fracaso del capitalismo al expresar que no hay futuro; lo que está queriendo decir es que no hay vida posible que se sostenga en las condiciones actuales. No hay futuro es afirmar que no hay presente. No hay presente posible para les humanes si este no tiene la capacidad de continuar, de hecho no hay presente posible si la vida no se desarrolla en condiciones mínimamente dignas. Esto no significa que no haya futuro para otras formas de vida. El futuro siempre es en relación a quien lo plantea, futuros siempre habrá. La vida no siempre se metamorfosea de la misma manera o sea, el futuro no está garantizado para el presente que conocemos, pero devenir en nada no es posible porque no manejamos el concepto «nada», o sea siempre seremos algo, siempre seremos futuros pero no siempre de nosotres mismes.

De los futuros más reveladores que he leído: Los desposeídos de Ursula K. Le Guin, en el que analiza a fondo el presente del anarquismo proyectando un posible devenir del mismo. Algunes dicen que es una utopía, otres una distopía, pero pensar en esos términos de utopía o distopía es plantear absolutos, monolitos que no se mueven en el tiempo, horizontes que no cambian y por eso tienden al fracaso, al no futuro. Más que utopías me gustaría pensar en presentes entendidos como futuros también. El presente contiene potencialmente todos los tiempos, el presente es potencialmente todos los tiempos juntos, ya que el futuro moldea el presente y el pasado también. Todo nos constituye y lo constituimos todo. Hacer esas distinciones es ver al tiempo como algo ajeno, algo que podemos mirar y apreciar desde un afuera. El tiempo nos constituye y nosotres constituimos el tiempo. Somos tiempo que deviene y devenimos en el tiempo. Pensar en futuro es tratar de categorizar al tiempo, al devenir como si perteneciera a lo humano, como si el tiempo fuera nuestro reino, pero devenimos tiempo que no solo pertenece a lo humano. Devenimos tiempo compartido con animales, plantas, rocas, todo eso es el tiempo, lo que lo constituye y le permite ser. El tiempo es el movimiento de la vida, una vida que no se detiene, que fluye, pero no hacia delante o atrás. El tiempo se actualiza a cada segundo, a cada momento, a cada tecla que aprieto. El tiempo no necesita del futuro, el futuro lo necesitamos nosotres para sobrevivir, para constituir este tiempo un tiempo más. Tiempo somos y tiempo seremos. Dust to dust.

 

A: ¿Y cuáles son las características de este movimiento del siglo XXI?

M: La primera es la búsqueda del diálogo en lugar de la autoenunciación. El.a coreógrafx ya no está tan preocupada.o por dejar su nombre, su sello y su técnica, sino que se entiende como un ser en relación, con su época pero también con su historia. Y eso posibilita una nueva manera de ser coreógrafa.o. Hay coreógrafxs que ya no se desplazan en avión por la huella de carbono que genera y dirigen y montan sus piezas de manera virtual a distancia con equipos de gente local. De esto se desprende la preocupación por los cuidados tanto del.a otrx como del planeta. A esta inquietud se suman también la ecología y las consciencias feminista y post/de/anti/colonial. La coreografía entendió que a través de sus movimientos no solo se expresan danzas, sino que estas están atravesadas por relaciones de poder invisibles que tienen que ver con un modelo de pareja en el que los cuerpos que valen son los cuerpos jóvenes y vigorosos, en general blancos o siguiendo el canon europeo, en un espacio diseñado para ser visto por una autoridad máxima única, y que implica una organización jerárquica para su realización. Todo esto parte de una crítica profunda a la modernidad, en tanto posibilitadora de la explotación «civilizada» del otrx, y conlleva un cuestionamiento a la visión antropocéntrica y universalizante dominante en el siglo XX. Si la acción que refleja al siglo XX es la de pararse de manera confiada en un mundo conquistado, controlado y dominado, la acción que se vislumbra como necesaria en los albores del XXI es la de arrodillarse. El.a coreógrafx se arrodilla junto a todo lo que le rodea, a lxs otrxs pero también a las otras especies, a los mares y a las rocas. La crisis climática y la del covid-19, ambas planetarias, dejan en evidencia la falsa ilusión de control y superioridad humanas. La máquina de crecimiento constante debe parar, pero la parálisis de los noventa y dos mil, fue un alto para ver por dónde. Es necesario parar y escuchar pero sin perder el movimiento vital, un movimiento arcaico pero nuevo al mismo tiempo, un movimiento no capitalizable, antivigoroso, antienunciativo… ¿El movimiento de un.a niñx que todavía no tuvo contacto con ninguna escuela? ¿El movimiento primario que podría hacer cualquier persona? Un movimiento que salga del impulso del cuidado del.a otrx y de todo lo que me rodea. El acto de arrodillarse implica también que el.a coreógrafx del siglo XXI se sabe parte de una red mucho más grande de artistas y pensadores, que lo sostiene y constituye, como dice Bourriaud «[La obra] ya no es una terminal, sino un momento en la cadena infinita de las contribuciones.»

 

A: Me gusta ese movimiento… ¿el movimiento de alguien que no ve?

 

Un hombre parado ante un semáforo en rojo se queda ciego súbitamente. Es el primer caso de una «ceguera blanca» que se expande de manera fulminante. Internados en cuarentena o perdidos en la ciudad, los ciegos tendrán que enfrentarse con lo que existe de más primitivo en la naturaleza humana: la voluntad de sobrevivir a cualquier precio.

Ensayo sobre la ceguera, Saramago

 

Futuros ciegos. ¿Qué tal si la distopía de Saramago en su célebre Ensayo sobre la ceguera (otro espejo para hablar del presente) nos abriera un camino para pensar esa epidemia en términos positivos? ¿Qué tal si la epidemia justamente es la primacía total de la vista por sobre los otros sentidos? ¿Qué tal si la pandemia en la que vivimos es una pandemia de imágenes? La pandemia del reino de lo visual por sobre todas las cosas. Pensemos por un segundo que la privación de la vista podría dirigir el cuerpo hacia una escucha más aguda, más necesaria para la supervivencia del día a día. Bajo el dominio de la vista damos por sentado el poder que tenemos sobre el mundo, somos capaces de reproducirlo, de representarlo, de colocarlo bajo signos y adjudicarle significados parecidos. ¿Qué tal si pensáramos esa privación, esa pérdida de un sentido como la posibilidad de repensar nuestra relación con el mundo? ¿Qué tal si al no ver y estar más indefensas practicáramos más los cuidados, ya que se nos va la vida en eso? Cuando el hombre blanco deje de ver, perderá uno de sus grandes dominios y deberá arrodillarse frente al mundo y escuchar, preguntar, entender que está en una interrelación constante y que esto nos lleva a ser y crear mundo al mismo tiempo, por lo que urge crear, hacer y ser otro mundo distinto, uno en el que todes les seres vivan de manera digna, un mundo en el que la esclavitud deje de ser algo corriente, en el que la humanidad aprenda de las plantas y aprenda a sentipensar y escuchar antes que enunciar-conquistar. ¿Qué tal si la privación de la vista no nos lleva a ese mundo miserable sino que la visión es parte de la condición que nos hace miserables? ... Luego del pánico y la desesperación sobreviene la adaptación, y el humano deberá aprender a ver con sus manos, su lengua y sobre todo su corazón.

 

M: Hablando de corazón pienso que otra característica de este giro coreográfico, tiene que ver con la elección de modos de producción que apuesten por la vida. En estos primeros años del siglo XXI se hizo más frecuente en español el uso de la denominación «Artes vivas», como una manera de nombrar a las artes que tienen como soporte al cuerpo presente. Esta apuesta por la vida se traduce en un esfuerzo constante por salirse de la dicotomía sujeto-objeto, y ya no sería hacer una coreografía para sino una coreografía con, es decir, la danza no es un objeto diseñado para ser apreciado sino que es un fenómeno estético que se genera con el.a otrx en un proceso dialógico vivo. Esto nos instala en un espacio muy distinto al de escena-espectador, aunque la disposición siga siendo esa. El giro coreográfico propone un cambio de mirada, una escena que nos remite a un ser vivo del que somos parte constitutiva y constituyente. Y por último todas estas características que encontré en las maneras de hacer de lxs artistas que más me inspiran en este momento, apuntan a trabajar por un corrimiento del sujeto individual aislado en pos de uno colectivo, comunitario e interconectado, no únicamente entre la propia especie sino con todas las especies y cosas vivas y no vivas de nuestro planeta y de nuestra galaxia. La pandemia del covid-19 dejó en evidencia esta interconexión y esta responsabilidad ante todo social del cuidado individual. «Lo personal es político» decían las feministas desde el siglo pasado, la crisis del covid lo hizo evidente de manera muy dolorosa. Esta conciencia de un sujeto que fluctúa entre un Yo y un Nosotrxs estará en la base de toda creación alineada a la era de los cuidados.

***

Práctica Sé Agua o de un Sujeto Yo/Nosotrxs

Se precisan dos o más personas para participar del ejercicio.

Pararse lado a lado y moverse al unísono, es decir intentando moverse exactamente igual, intentando ir juntas, sin que ninguna guíe ni sea guiada.

Poner este disco como música de fondo, bajita.

Hacer la práctica hasta que se acabe la música.


***

Referencias

Bourriaud, N. (2009) Postproducción.

Coccia, E. (2020) Metamorfosis.

Escobar, A. (2014) Sentipensar con la Tierra.

Garín Martínez, I. (2018) Artes Vivas: definición, polémicas y ejemplos.

Lepecki, A. (2006) Agotar la danza.

Rainer, Y. (1966) Trío A.

Sofaer, J. (2002) What is live art.

Anabella Pareja, entrevista en Proyecto Correspondencias.

Esthel Vogrig, entrevista en Proyecto Correspondencias.

Jérôme Bel con el movimiento de la No danza.

Quiatora Monorriel con su Danza mínima.

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