poesía

Autorretratos como dagas: Las poetas Regina Ramos, Ana Strauss y Magdalena Portillo

Por Escaramuza / Miércoles 09 de marzo de 2022

El jueves 10 de marzo, Regina, Ana y Magdalena tomarán el espacio de Escaramuza para leer (se). En una performance poética de tres presencias, improvisarán sobre la noción del retrato hecho por sí mismas, y su alcance afilado, cortante. Antes, respondieron nuestras preguntas sobre el leer, leerse y reconocerse en la poesía. Y debe decirse que también escribieron versos a pedido.

¿A qué poetas más leen? ¿De qué manera se leen en ellas?

RR: Toda la poesía que me propongo leer me ofrece un encuentro. En las poetas nacionales he reparado con entusiasmo. Tal vez por la proximidad, lo familiar que logran hacerlo nuevo y de ellas. Sus historias –a veces más leyendas que hechos realmente cercanos– y sus escrituras me mostraron dolor, placer, valentía, sabiduría y sin dudas amor en sus modos de belleza: el poema.

AS: Es difícil contestar esta pregunta, hacer un resumen de autoras casi me resulta imposible. Te diría que siempre me sorprende gratamente lo que producen algunas lecturas. Algunas te llevan a escribir con urgencia, otras necesitás unos cuantos días para salir de ese universo porque todo queda impregnado.

MP: En el tiempo que llevo leyendo poesía, he descubierto voces que me han cautivado, voces a las que siempre vuelvo, poetas, que, en su mayoría, tienen una fuerza única que las caracteriza. Tal es el caso, por ejemplo, de Marosa di Giorgio. Siempre vuelvo a ella. A sus Papeles salvajes, a sus Misales, su Rosa mística, a su jardín natal. Se me hace difícil explicar qué es lo que me atrapa de su poesía, sin embargo, lo sé con certeza cuando me encuentro leyéndola, lo sé, porque de pronto el aire se vuelve ceremonial, los recuerdos se transforman en hortensias, y el perfume de mi madre inunda la casa. Siento en sus poemas una cercanía con ese lugar, donde todo era posible, y donde ya no se regresa, ese lugar es la infancia, siempre, al leer a Marosa, vuelvo a mi propio jardín natal. También está Selva Casal, poeta a la que supe leer de muy chica. Recuerdo el primer poema que leí de ella, «El infierno es una casa azul». Hay un verso en este poema que me marcó, inicia diciendo: «Porque lloras amor», y finaliza: «Porque se me ha permitido ver». Luego leí todos sus poemas, al menos los que encontré, conseguí todos sus libros. Una tarde la fui a visitar. Tomamos el té y le leí algunos poemas. De ese día recuerdo el brillo de sus ojos y su sonrisa. Hablar de la poesía de Selva es hablar del mundo. Traducir el mundo, llevarlo al verso, sentir en el acto más mínimo del día que se está viva. Me encuentro en su poesía siempre. Otra poeta que me gusta leer una y otra vez es Valentine Penrose. Lo que me gusta de su poesía es el lugar que toma la mística. Como si fuese una invitada que de a poco, a lo largo de la lectura, se va adueñando del bosque que recorre hasta convertirse en la voz que sostiene al verso. Y por último me encuentro con Olga Orozco. Poeta maga, poeta bruja. La mística de su poesía trasciende los espacios y apacigua la ausencia. Cae en mí como el relámpago que ciega. Es imposible leerla y no sentir todo el poder emanando de sus versos. De una fuerza irrevocable. Su poesía se me hace atemporal. Sus imágenes son tan únicas que en ellas se abre las infinidades del lenguaje.   

¿Qué es lo que más disfrutan o sufren de la poesía que se torna performance?

RR: Que es innegable que lo expresado habita más allá de la palabra: es cuerpo. La poeta es una sintiente. La maravilla y la angustia o un hilo por la aguja del verso: «un cuerpo es una biblioteca incendiándose». 

AS: De la performance se podría aventurar a decir que es de amplio espectro, creo que hay varias formas de hacer performance. En este caso puntual lo que haremos lo denomino como una «lectura performática».  Me sorprendió que al convocarnos ya tuvieran pensado un título para la lectura y ciertas ideas generales. Nosotras esta vez tomamos esto como punto de partida y desde ahí creamos sumando otras ideas. No lo siento como un sufrimiento, el disfrute está en construir y crear juntas lo que sucederá. 

MP: Existe ese momento previo a la performance, que, en lo personal, suelen aparecer los nervios. No me considero una persona extrovertida, de hecho, recuerdo muy bien mis primeras lecturas, porque la pasaba muy mal. Era bastante tímida y bicho, todavía lo sigo siendo, aunque no tanto como en ese entonces. Sin embargo, una vez que la lectura inicia, los nervios van desapareciendo lentamente. Lo que me gusta de la performance es esa unión que se genera entre la palabra y el espacio. La unión con el que está escuchándote y, claro está, con el cuerpo. Me gusta también llevar siempre conmigo algún objeto personal, mis amuletos me acompañan cuando comienzo a recitar poesía. Me ayudan a desinhibirme. Entonces el momento se vuelve una especie de ceremonia que me llena de regocijo. Y luego vuelvo a casa, con mis plantas y mis libros, a esa otra ceremonia, a la que me gusta llamarle «ceremonia del silencio».

¿Se reconocen a sí mismas al leer?

RR: Sí, en otras y en la otra que somos. El tiempo en los textos nos dice no solo la que fuimos también la que seremos. Escribo para saber. 

AS: Resumiendo un poco, a grandes rasgos mi atención está más enfocada en reconocer y/o conocer el trabajo. Cuando escucho a otras leer puedo ir conociendo y reconociendo el trabajo en que están inmersas, los cambios que se producen de un libro a otro, etc.; esto también ocurre con mi propio trabajo. Creo que lo personal se cuela en lo que hacemos siempre, pero no quedaría como algo estrictamente personal. Lo personal queda de otra forma, en otro sitio. Hay momentos donde sí se produce ese reconocimiento y esto también sucede con poemas que no son propios, se abre la posibilidad de re-conocerse desde otro lugar. 

MP: No siempre somos los mismos. Muchas veces lo que pensaba ayer acerca de algo, puede ser distinto de lo que pienso hoy. Reconozco que hay dentro de mi escritura un tono autobiográfico. Todo lo que he escrito me pasó. No necesariamente a mi persona, algunas cosas les sucedieron a personas cercanas a mí. Algo que alguien me contó, un pensamiento que alguien soltó sin darse cuenta, en fin. También es cierto que, al momento de escribir, no tengo pensado lo que voy a escribir, no sé qué va a salir, no sé lo que estoy escribiendo y eso es justamente una de las razones que disfruto de la poesía, ese misterio que se revela frente a una. Considero que la entrega es necesaria, luego viene lo otro, el momento de la corrección, sacar palabras, cambiar versos de lugar, etc. Que también es algo que disfruto y considero necesario. A veces, se me presenta una palabra, la escribo, y a partir de esa palabra, nace un poema. Si tengo la suerte de que, en ese poema, logro decir lo que se me revela, entonces la tarea ya está cumplida. En mi escritura escribo lo que veo, actúo como observadora, después, si me encuentro o no, si me leo en los poemas, es algo para lo que aún no tengo una respuesta.

Si tuvieran que escribir un autorretrato, ¿qué palabras tendría? ¿Lo leerían ustedes o a quién le pedirían que lo leyera?

RR: 

Libertad

Valor

Amor

AS: El rostro en sí como rostro está muy presente en partes de mi escritura. Hasta ahora no en una forma descriptiva, es más, creo que no haría un autorretrato, tampoco un retrato con palabras. El rostro hasta ahora se me ha presentado mucho más cercano a lo mutable, más cerca de una interrogante y quizás como una de las tantas partes que estarían próximas a algo que tiene que ver con lo sagrado.

MP: 

La que existe entre un segundo y el otro

su rostro se evapora

como un deseo antiguo

se evapora

Un autorretrato de mí sería acaso un poema invisible, pues la que fui hace un segundo ya ha dejado de existir en el otro.

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