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Día Mundial de la Salud Mental 

La salud mental desde los libros

Por Escaramuza / Lunes 10 de octubre de 2022
Una pandemia, la implementación conflictiva de una ley ambiciosa (y urgente), la pobreza que no para de crecer... Hoy 10 de octubre, Día Mundial de la Salud Mental, invitamos a diferentes referentes a pensar la coyuntura en salud mental y qué relaciones se pueden establecer con libros recientes. Responden Cecilia Baroni, Natalia Zito, Facundo Rojí, Inés Trabal y Natalia Laino Topham. 


Natalia Zito, escritora y psicoanalista

No he salido de mi noche, de Annie Ernaux.

Nadie me va a creer que iba a recomendarlo antes de enterarme que le habían dado el Nobel, pues no importa, me alegra que ahora vaya a leerla todo el mundo. Annie Ernaux es una autora que vale la pena, especialmente porque en sus libros conviven la sencillez y la profundidad, cualidades difíciles de encontrar juntas. No he salido de mi noche, publicado en 2017, es el diario que la autora escribió durante los últimos años de la vida de su madre, que tenía Alzheimer. Es un libro sobre el impacto de la locura en los otros, sobre lo impenetrable que puede volverse alguien y al mismo tiempo, sobre aquello que subsiste aun cuando se pierden todas las coordenadas. La madre de Annie Ernaux ya no era su madre y sin embargo su cuerpo seguía ahí, especialmente con su voz. ¿La voz es parte del cuerpo? «Deja de estar loca de una vez», cuenta Ernaux que le gritaba. Es un libro sencillo y desgarrador, como la lenta y definitiva desaparición de una madre.

Bartleby, el escribiente, de Herman Melville.

Para algunos libros la inmortalidad es posible; pienso que Bartleby, publicado en 1853, seguirá vivo con la misma obstinación de su eterna respuesta. Preferiría no morir, debe haber dicho y seguirá diciendo siempre. Bartleby es el personaje perfecto para pensar qué es la locura, no porque yo crea que estaba loco, sino porque plantea la enorme dificultad que implica convivir con lo irreductible, con lo que no se entiende, con lo que no es razonable; aquello a lo que termina nombrándose locura porque rompe los lazos con el contexto. Para quienes no han oído aún sobre él, Bartleby es un copista en una oficina de Wall Street que en un momento prefiere no hacer lo que le piden. Prefiere no hacerlo y prefiere no explicar, ni razonar. Prefiero, ahora, no decir nada más, solo invitarte a leer, te aseguro que Bartleby se te quedará para siempre.


Cecilia Baroni, psicóloga, docente y cocoordinadora de Vilardevoz

Lo arácnido y otros textos, de Fernand Deligny.

Lo arácnico... es una lectura reciente, aunque salió en el 2020, es un lindo libro para recomendar, aunque sé que está bastante caro. Sirve para quienes estén buscando nuevos abordajes en salud mental. El autor hace un aporte relevante en torno a la red y lo arácnido como forma de existencia, y deja en evidencia la necesidad no solo depender del lenguaje oral como pilar de los desarrollos teóricos del psicoanálisis, por ejemplo. A partir del trabajo con niños y adolescentes autistas, el autor observa que las formas de interacción no pasan solo por el lenguaje oral. Pensar y repensarnos en este momento de transición es fundamental para sostener un modelo de salud mental social y comunitario en el que se respeten las diferencias. Todas las personas tienen un lugar y que esos lugares no tienen por qué ser en instituciones de carácter asilar ni los manicomios.  


Facundo Rojí Sanseviero, psicólogo y librero

Sol negro. Depresión y melancolía, de Julia Kristeva.

La depresión, según la OMS, afecta a 280 millones de personas en el mundo. Uruguay se encuentra entre los países con mayores índices de suicidio producto de la depresión.En este interesantísimo libro, la psicoanalista y feminista Julia Kristeva abre las puertas de su práctica clínica para desarmar concepciones biologisistas y reduccionistas de la depresión y aporta una mirada que coloca a esta enfermedad dentro de las patologías que definen una época. Para enriquecer sus aportes, no solo se vale de su experiencia en el diván como terapeuta, sino que utiliza también los casos particulares de tres grandes de la literatura y sus respectivas obras: Nerval, DostoievskI y Duras. 

¿Somos todos enfermos mentales?, de Allen Frances.

El psiquiatra Allen Frances fue presidente del grupo de trabajo creador del DSM IV (Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders por sus siglas en ingles), un manual de clasificación psiquiátrica estadounidense utilizado como referencia en la psiquiatría actual. De imprescindible lectura, el autor nos advierte de las consecuencias de la medicalización de la vida. Entre el «mea culpa» y la confesión, Frances explica qué papel juega la industria farmacéutica y de qué manera nos estamos acercando a la hiperinflación diagnóstica.

Invulnerables e invertebrados, de Lola López Mondéjar.

Valiéndose de múltiples disciplinas (psicoanálisis, sociología, filosofía, cine, literatura), la psicoanalista española Lola López Mondéjar analiza cómo intentamos sobrevivir entre la incertidumbre creciente de este mundo en caos y los discursos neoliberales que pulverizan toda posibilidad colectiva de emancipación. El producto de este intento da como resultado, según la autora, «seres en apariencia invulnerables y profundamente invertebrados, al carecer de cualquier forma de eje moral».


Natalia Laino Topham, psicóloga y docente

Voy a recomendar dos libros que he tenido muy presentes en estos tiempos. Cuando leo un libro que me permite nuevas conexiones y pensar cosas que hasta ahora no había pensado, surge la necesidad de compartirlo con la gente alrededor. Los vengo recomendando muchísimo porque tengo la necesidad de que otros los lean. Ambos ayudan a pensar cómo vivimos, cómo nos relacionamos, cómo vivimos colectivamente y eso tiene que ver con la salud mental. Y esto no solo implica la vida entre los humanos, sino también entre las plantas, animales, objetos... Pensar en entramados, paisajes más amplios, que nos ubican desde un lugar más humilde en red, en colectivos. También dos libros que permiten pensar que el conocimiento que producimos debe dar cuenta de cómo estas comunidades se ven afectadas por lo que hacemos. En términos de sicología, ayudan a pensar los diagnósticos, las clasificaciones.

Un mundo ch'ixi es posible, de Silvia Rivera Cusicanqui. 

Es una autora cercana a nuestra región (es boliviana) que trabaja la idea de la descolonialización de la subjetividad, reconociendo el colonialismo interno y propone lo ch'ixi como esa mezcla rara que somos, lo mestizo. Me interesa también cómo propone que la teoría tiene que ser encarnada y enraizada en la propia experiencia. Para pensar la salud mental, aparecen cuestiones como lo común y las comunidades, y la idea de reconocer las producciones tan cercanas que olvidamos. Otro gran tópico del libro es el olvido y la memoria, cuestiones que tienen que ver con nuestro presente. 

A la salud de los muertosVinciane Despret.

El foco de este libro son las relaciones. Si bien aparecen los muertos, el énfasis es en los relatos y en los modos de producir relaciones. Está la impronta del lugar de la memoria, de los modos de existencia y, sobre todo, la resistencia a la tentación explicativa. Esta autora trabaja desde el lugar de las emociones, en términos de afectar y ser afectados. De hecho ahora tiene otro trabajo, titulado Habitar como un pájaro (Cactus), en el que trabaja los territorios. A la salud de los muertos permite ubicar la cuestión del medio como un lugar para habitar, incluso desde la investigación, para explorar cómo producimos conocimiento y la cuestión de lo explicativo, el mandato social de hacer el duelo, que a veces nos limita. Es útil para trabajar los mandatos y poder abrir otros nuevos horizontes. Además, es curioso en Despret cómo articula teoría, en el sentido que aportan los feminismos, y su vivencia personal a lo largo del libro.


Inés Trabal, médica, poeta y traductora

Pues este texto es una enmienda que surge de uno equívoco productivo. Cuando Rosario me pidió que le recomendara algún libro sobre salud mental pensé que ella escribiría sobre el tema y quería insumos al respecto. Pero no se me ocurrió nada. 

Y me di cuenta que ese término, «salud mental», no estaba en mi registro. Contrasté con amigos afines y, sorprendentemente o no, se hicieron eco de mi vivencia. Algo que me resultó elocuente.

Fernando Barrios se ocupó y me hizo una recomendación: Las máquinas psíquicas: Crisis, fascismo y revueltas, de Emiliano Exposto. 

Luego se me ocurrió que podría interesarle escuchar la presentación del libro de José Assandri titulado roer un hueso, arrugar un espejo, por lo que surgía allí en torno a la escritura y algo de lo que se frecuenta en el psicoanálisis (escuchar la presentación). 

Cuando me envió la nota me di cuenta de mi error. Me dio pena la oportunidad perdida, y me vino a la mente Austerlitz de W.G. Sebald, por ser un gran libro que nos lleva consigo a través de su envolvente red de escritura que enlaza al narrador con el mundo, su arquitectura, geografía, historia, y con un personaje profundamente herido con el cual hila el relato de lo que ve, de lo que le cuentan y a su vez nos permite conocer. 

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