ALEGATO POR SUFRIMIENTOS IGNORADOS
DR. JUAN CARLOS TUTTÉ
UYU 850
UYU 638
UYU 723
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Temática: NARRATIVA FANTÁSTICA Y CIENCIA FICCIÓN
Editorial: DA VINCI
Cantidad de páginas: 224
Peso: 400g
ISBN: 9789915982144
Encuadernación: Tapa blanda
En este Alegato por sufrimientos ignorados, Juan Carlos Tutté reconstruye su itinerario profesional como psiquiatra, psicoanalista y docente e invita a reflexionar sobre el mundo de los «locos» y los «cuerdos».
Las historias que relata, muchas de ellas referidas a su trabajo con pacientes institucionalizados en el Hospital Vilardebó y la Colonia Etchepare, esbozan vívidamente personajes y episodios que dejaron en su memoria una huella imborrable: el motín en el pabellón de presos que lo recibió en su primer día de trabajo; el «fugado» que vuelve con grado de cabo, custodiando a otro internado; el tren que llega cada miércoles de madrugada, trayendo pacientes que van y vienen una y otra vez del hospital; a sus hogares; las mujeres internadas que observan el brindis de fin de año y suplican las migajas, con los brazos extendidos desde detrás de la reja; los malabarismos para lograr que cada paciente tuviese una cama propia donde dormir sin compartirla, garantizando un mínimo de intimidad y dignidad en salas atestadas.
Sin perjuicio de su valor testimonial innegable como experiencia de un profesional de la salud mental en un pasado no tan lejano, y a veces ni siquiera tan pasado, estos relatos van más allá de la anécdota para preguntarse, con una preocupación no exenta de angustia, por la persona detrás del diagnóstico, en un intento de llegar al fondo del sufrimiento de esos seres humanos «etiquetados» en vida sin oportunidades reales de rehabilitación: fue entendiendo que ser competente a la hora de establecer un diagnóstico no era lo más importante. Necesitaba comprender por qué estaban aquellas personas allí y no solo ponerles un rótulo, que más allá de acertado o no, perduraría por toda su vida.
El libro incluye también las reflexiones del autor ante el desafío de «buscar soluciones más profundas e integrativas, de manera de tratar a nuestros pacientes para que puedan recuperar su vida digna y hacer frente a una crisis de la salud mental que desborda los institucionales y afecta a la sociedad entera. Sin dejar de lado la importancia de los saberes éticos y la necesidad insoslayable de recursos, su propuesta es un alegato en favor del humanismo médico, entendido en primer lugar como sensibilidad ante el dolor y el sufrimiento del otro.
Las historias que relata, muchas de ellas referidas a su trabajo con pacientes institucionalizados en el Hospital Vilardebó y la Colonia Etchepare, esbozan vívidamente personajes y episodios que dejaron en su memoria una huella imborrable: el motín en el pabellón de presos que lo recibió en su primer día de trabajo; el «fugado» que vuelve con grado de cabo, custodiando a otro internado; el tren que llega cada miércoles de madrugada, trayendo pacientes que van y vienen una y otra vez del hospital; a sus hogares; las mujeres internadas que observan el brindis de fin de año y suplican las migajas, con los brazos extendidos desde detrás de la reja; los malabarismos para lograr que cada paciente tuviese una cama propia donde dormir sin compartirla, garantizando un mínimo de intimidad y dignidad en salas atestadas.
Sin perjuicio de su valor testimonial innegable como experiencia de un profesional de la salud mental en un pasado no tan lejano, y a veces ni siquiera tan pasado, estos relatos van más allá de la anécdota para preguntarse, con una preocupación no exenta de angustia, por la persona detrás del diagnóstico, en un intento de llegar al fondo del sufrimiento de esos seres humanos «etiquetados» en vida sin oportunidades reales de rehabilitación: fue entendiendo que ser competente a la hora de establecer un diagnóstico no era lo más importante. Necesitaba comprender por qué estaban aquellas personas allí y no solo ponerles un rótulo, que más allá de acertado o no, perduraría por toda su vida.
El libro incluye también las reflexiones del autor ante el desafío de «buscar soluciones más profundas e integrativas, de manera de tratar a nuestros pacientes para que puedan recuperar su vida digna y hacer frente a una crisis de la salud mental que desborda los institucionales y afecta a la sociedad entera. Sin dejar de lado la importancia de los saberes éticos y la necesidad insoslayable de recursos, su propuesta es un alegato en favor del humanismo médico, entendido en primer lugar como sensibilidad ante el dolor y el sufrimiento del otro.
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