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El valor del conservar

Puro quehacer escénico: la biblioteca Florencio Sánchez

Por Lucía González Castro / Miércoles 22 de noviembre de 2023
Fotografía disponible en la página web de la Biblioteca Florencio Sánchez.

Las bibliotecas y los archivos son una parte fundamental de cualquier institución. En el caso de la EMAD, está la Biblioteca Florencio Sánchez. Obras de teatro, pero también textos críticos, libros de escenografía, vestuario, y otras obras componen los 8500 volúmenes de este bastión de la cultura. De la mano de Lucía González, visitamos una biblioteca emblemática.

La voz de Eduardo Schinca proyectada hacia cada vértice de una sala de lectura poblada de estudiantes de arte dramático los envuelve y los sumerge, indefensos, en la cadencia del verso español, en la potencia del discurso de los dioses griegos. Esta escena pautada por la lectura del actor-director-dramaturgo uruguayo sucede en la biblioteca del Teatro Solís, la biblioteca Florencio Sánchez, que a lo largo de 72 años ha sido la única especializada en artes escénicas en todo el país, y una de las más antiguas de Latinoamérica. 

El recuerdo de ese maestro de lecturas magnéticas es de la actriz-directora-dramaturga Estela Mieres, actualmente vicepresidenta de AGADU, que en el año 1980 egresó de la Escuela —Municipal antes, Multidisciplinaria hoy— de Arte Dramático (EMAD). Ella y sus compañeros compartían una «sana competencia» por los libros: «se trataba de quién corría primero a la biblioteca para llevarlos. Los clásicos eran los más codiciados porque en esa época éramos fanáticos del Siglo de Oro español y de las tragedias griegas», cuenta. Su tiempo libre discurría en partes iguales entre la sala de lectura y el bar El Vasquito, en Bacacay y Buenos Aires.  

Hoy, la biblioteca ya no impone esa presencia con la que Mieres la recuerda, con «aquella sala de lectura importante, amplia, con sus mesas, sillas y el sitio suficiente para presentar una exposición o dictar cursos, con su baño propio». Hoy la Florencio Sánchez consta de un poco más de 30 estanterías metálicas dispuestas en cinco filas dentro de un espacio reducido que tiene una pequeña salita anterior en la que hay una mesa, una computadora disponible para consulta, dos o tres sillas. Su gloria está conservada en los ejemplares, publicaciones y libretos que almacena. Su victoria es haber sobrevivido a un vaivén de mudanzas y mantener esa identidad teatral. Aún hoy, sus cuatro paredes resuenan en consonancia con la escena. 

«Tenemos estas interferencias», comenta divertida la bibliotecóloga Mónica Miranda, mientras el suelo vibra. Bajo la superficie temblorosa está la sala de la EMAD, desde donde llega una música que no se escucha pero se siente. «Me pasó de estar acá con la escalera haciendo la lectura de estantes anual mientras que estaban con ensayos para el examen. Nunca me di cuenta que la arrastraba y me vinieron a pedir que por favor no la usara», recuerda Miranda, que desde hace diez años empezó a trabajar en la institución educativa. Supo muy pronto que el diálogo entre biblioteca y escena es un sello marcado desde el origen. 

La historia de la Biblioteca Florencio Sánchez es como un puzzle al que se le han perdido algunas piezas, difícil de encastrar. Los datos claros: que el 29 de marzo de 1950 se reunió la Comisión de Teatros Municipales bajo la presidencia de Justino Zavala Muniz y se presentó la moción de abocarse a la creación del Museo y Biblioteca del teatro (Solís); que el 25 de abril siguiente se reunió por primera vez la recién conformada Comisión Asesora del Museo y Biblioteca del Teatro también presidida por Zavala Muniz; que su inauguración se concretó al año siguiente en 1951; que estuvo al menos en cuatro lugares diferentes: en el Solís, en la Sociedad Uruguaya de Actores (actual Sindicato Único de Actores), en la exsede de la EMAD ubicada sobre la calle Cuareim, y en la actual de Mercedes 1838 esquina Tristán Narvaja.   

La existencia de esta biblioteca fue una consecuencia natural del contexto histórico y cultural que vivía la ciudad. En 1947 se formó la mencionada Comisión de Teatros Municipales, clave para la creación de la Comedia Nacional en ese mismo año y de la EMAD en 1949, además de la reorganización de la Escuela Municipal de Música y de la Sala Verdi. Pronto surgió la necesidad de archivar los libretos y bocetos que se acumulaban, así como de comprar libros para leer y elegir las obras. De esta forma, la biblioteca fue concebida para servir a los profesionales, estudiantes y docentes nucleados en torno al complejo teatral, espíritu que todavía mantiene.   

Actualmente, su acervo bibliográfico está integrado por 8500 volúmenes, no solamente de obras teatrales sino también textos de crítica, pedagogía, escenografía, vestuario, iluminación, sonido, creación visual, caracterización y toda la literatura que rodea al universo del quehacer escénico. Cuenta con 120 títulos de publicaciones periódicas especializadas y con más de 400 libretos con traducciones y adaptaciones realizadas en el país. 

Entre sus ejemplares es posible leer el pasado del teatro nacional desde la forma —por ejemplo, es una biblioteca teatral pero conserva una porción de libros de poesía debido a que en su momento los exámenes de la escuela la incluían—, y desde el contenido —los libretos conservan la riqueza de las anotaciones al margen de la página, de los subtextos escritos entre diálogos, incluso de algunos registros más íntimos:

Hoy si Dios quiere a las 21 horas levantaremos el telón para dar a luz “Los gigantes” con un ensayo general finalizado a las 6 de la mañana del 26/4, comenzado el 25/4 a las 20 horas. Muchas dificultades técnicas (...). Gracias Padre por darme la oportunidad de pisar después de 1 año y medio un escenario, y con este estupendo director y autor. D.

Las palabras dispersas en la carátula de Los gigantes de la montaña, de Luigi Pirandello podrían ser de Delfi Galbiati, el actor, o quizás de Daniel Pérez, que realizó el traspunte en esa versión traducida y dirigida por Antonio Larreta. Lo cierto es que el libreto también está bautizado por Marina Sauchenko. De algún modo, estos documentos históricos no nos brindan todas las respuestas pero nos permiten abrir un diálogo a través del tiempo. De hecho, entre ellos también se encuentra el libreto de la versión anterior de la obra, estrenada en 1957. 

Con todo, la biblioteca Florencio Sánchez ha sido referencia y destino de donaciones de decenas de personas destacadas en el medio, un remanso para estudiantes, una herramienta para docentes, un sitio de hallazgos fortuitos para investigadores, una interlocutora de la historia teatral de la ciudad. 


Dejará de ser la única: habrá una nueva biblioteca de teatro en Paysandú 

Durante la última bienal de teatro celebrada a mediados de octubre en Paysandú se anunció la inminente creación de una biblioteca de dramaturgia en el Centro Cultural Nacional de esa ciudad. Esta iniciativa forma parte del proyecto de bibliotecas temáticas que lidera la Dirección Nacional de Cultura para generar acervos bibliográficos específicos de un género literario o de una temática cultural que son definidos en conjunto con las autoridades departamentales, de acuerdo a las características, historia e intereses del lugar. 

Aunque todavía se encuentra en los procesos administrativos previos, la biblioteca ya cuenta con 142 libros donados por el Centro Cultural de España y 41 más por el Instituto Nacional de Artes Escénicas, a los que se sumarán entre 300 y 500 ejemplares que serán comprados. La curaduría estuvo a cargo del director de la Comedia Nacional, Gabriel Calderón, y el bibliotecólogo local Ezequías Escobar.  

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